Para muchos, la calle San Diego es sinónimo de historia y de tradición.

En este lugar se encuentran con el comercio que hubo durante años hace algunas décadas, y ha pesar de que hoy en día no es lo que era antes, aun se mantiene entre sus calles, ese aire de barrio comercial que se niega a morir a pesar de las nuevas tiendas instaladas en el lugar.

 

Cuando se recorre la calle San Diego, desde Alameda hasta Santa Isabel, nos encontramos con múltiples tiendas y locales que ofrecen una gama de variedades de diferentes índoles, las que van desde libros, bicicletas, motos.

Sin embargo estos pequeños negocios se han visto opacados con la aparición de tiendas comerciales que se han puesto en el lugar,

 

Para algunos comerciantes del sector, que llevan años instalados ahí con sus puestos y locales, la idea de poner centros comerciales como Ripley, La Polar o el llamado Centro Comercial Chino, ha significado un deterioro en el barrio.

Dicen que estos centros han provocado que se pierda la verdadera esencia del barrio, el que se caracteriza por ser un espacio donde la gente camina al aire libre, mirando las vitrinas de las tiendas, entablando conversación con los vendedores, los que ayudan a los clientes a encontrar lo que buscan, a diferencia de lo que ocurre en las multi tiendas, en donde la cercanía entre vendedor y comprador no existe y en donde el consumismo es lo primordial.

 

Pero aquellos que trabajan en estas tiendas no entienden  el porque del descontento entre los comerciantes, si con la llegada de estos mall’s, el comercio ha aumentado, ya que las personas se acercan mucho más al barrio.

Aseguran que les ha traído cada vez clientela, lo que ha permitido que el barrio se mantenga vivo y no se pierda en el olvido.

Así mismo aseguran que ellos no vinieron a quitarles el publico a los negociantes del barrio, ya que los productos que ofrecen son muy distintos a los que hay en los locales de la calle, solo querían instalar sus tiendas en un sector comercial frecuentado por cientos de personas.

 

La tensión generada por parte de los negociantes antiguos no ha tenido ningún resultado, ya que ha pesar del descontento que hay entre ellos, las grandes tiendas se instalaron igual y al parecer están lejos de querer irse de ese lugar.

Los pequeños comerciantes han tenido que aprender  a lidiar con la presencia de ellas, y mas vale que si no lo han hecho, lo hagan pronto, porque, solo viendo el lado bueno de esta situación, es como podrán mantener vivo al barrio San Diego.

 

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