Santiago no es precisamente una ciudad que se caracterice por sus magníficas construcciones arquitectónicas de los años de la conquista como lo son las ciudades de México o por sus miles de habitantes como lo es la capital argentina de Buenos Aires, pero hay que decir que la ciudad entre cerros en la que vivimos, está llena de barrios que han marcado su historia, desde que se fundó, hasta el día de hoy. Y es que no solo la contaminación que aqueja a la urbe, es la que nos permite escribir sobre ella, ya que es necesario recalcar las calles, que hacen de Santiago, una ciudad con historia y tradición.

 

El llamado centro capitalino, no solo alberga entre sus vías la casa presidencial, La Moneda, sino que reúne una serie de calles que, día a día, juntan a miles de ciudadanos que realizan sus diferentes actividades, desde hace varios años.

La calle San Diego es una de las más tradicionales y con más historias. Y fue justamente una iglesia, lugar de tradición, la que inspiró el nombre de esta calle.

 

Está ubicada entre la Alameda y la Gran Avenida, en la comuna de Santiago y a un costado de la casa central de la Universidad de Chile, la que es una de las pocas construcciones que han perdurado con el tiempo, comparable con edificios como la catedral de Santiago o el Club de la Unión.

Así la calle San Diego se trasformó en un icono de la historia capitalina, rodeada de monumentos nacionales, se convirtió en uno de los referentes comerciales para aquellas personas que no tenían una vía directa con el gran comercio de la capital.

 

Al más puro estilo barcelonés, San diego, con galerías y negocios, buscó llenar las necesidades de las personas, vendiendo artículos de autos, libros usados y nuevos, que buscaban llenar la educación y la cultura chilena, simplemente instrumentos musicales o incluso ropa.

De esta forma y con la cercanía existente entre esta calle y el barrio Franklin, otro sector de auge del comercio, la calle perpendicular a la Alameda se trasformó en uno de los lugares más emblemáticos, para las personas que querían satisfacer sus faltas

 

Como muchas cosas que surgen de improviso o por error, la calle San Diego se originó gracias al simple echo de que las calles tenían el sentido de tránsito en dirección sur a norte, lo que fue un plus en el desarrollo, ya que favorecía el ingreso directo de las personas, lo que implicó un crecimiento en el comercio de este lugar.

 

Pero como todo sube, luego cae, con el cambio de dirección, San Diego perdió su grandeza y se convirtió con el pasar de los años en un barrio solo de recuerdos, aunque aún así, hay personas que insisten en mantener vivo el recuerdo de esta calle, que al parecer, que no esta dispuesta a morir.

 

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